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martes, 15 de junio de 2010

¿La muerte del laportismo?

En toda la boca. Los resultados de las elecciones del Barça sólo se pueden interpretar como una hostia en toda la boca a Joan Laporta. Es digno de una tesis doctoral el hecho de que una junta que ha ganado cuatro Ligas y dos Champions, que cogió a un club en ruinas en 2003 y que en 2010 lo deja en la elite mundial, haya salido derrotada de esta manera en las urnas. Jaume Ferrer logró únicamente un 10,81% de los votos, el menos votado de los cuatro candidatos. No sólo eso, sino que además Sandro 'el archienemigo' Rosell arrasó con un 61,41%. Una cifra muy parecida a la que sacó el ‘no’ a Laporta en la moción de censura de 2008: un 60,6%. Para rematar el asunto, la encuesta que TV3 realizó a pie de urna, y que bordó los resultados finales, revela que el 62,6% no votaría a Laporta si se hubiera podido presentar. La interpretación es muy sencilla: la gente, el soci, no sólo valora si la pelota entra o no. El equipo puede ir como un avión pero el palco ser un desastre. Se puede ir más allá y hacer una interpretación más profunda, con una parte posiblemente fantástica: se atribuye el éxito del Barça de Ronaldinho a Rosell y el del Barça de Messi a Guardiola. Algo que es totalmente injusto porque Laporta, guste más o menos, era quien tenía en todo momento la última palabra sobre cualquier decisión que se tomara.

Laporta ha sido un presidente tremendamente polémico, con continuas meadas fuera de tiesto, un exceso de politiqueo que finalmente han acabado por condenar al laportismo al abismo. Al menos por el momento. La fuerte personalidad de Laporta fue una de las principales armas que le hicieron llegar a la presidencia y ha marcado, para bien y para mal, su mandato. Es muy injusto valorar a Laporta como “el peor presidente de la historia”, como hizo José Ramón De la Morena en El Larguero sin mirar más allá de sus arranques de líder rebelde frente al Imperio. Las formas de Laporta han sido de impresentables para arriba más de una, dos y tres veces, indigna de una persona que representa a 180.000 personas, y sus internadas en política son por lo menos muy discutibles (y no por su posición independentista, si levantase el brazo sería lo mismo o peor). Pero Laporta tiene su parte de mérito, y es mucho, en los 69 títulos que el FC Barcelona ha ganado en sus diferentes categorías durante sus siete años de presidencia. Negárselo es profundamente injusto.

Pero lo que ha matado –por ahora- la continuidad del régimen ha sido la incapacidad de Laporta a la hora de mantener unido al grupo. En 2003, al mirar la foto de la junta, varios posibles herederos, uno destacado: Sandro Rosell. Fue el primero en saltar del barco, retratado por el presidente como poco más o menos que el anticristo. Pero todavía quedaban gente fuerte, como Ferran Soriano. Abandonó el club tras la moción de censura, al entender que el hecho de que 60% de los socios estuvieran en su contra les obligaba moralmente a dimitir aunque los estatutos no lo hicieran. Albert Perrín, hombre cercano a Laporta, le calificó de “Tejero”. No han sido los únicos que han salido rebotados con “l’ amic Jan”: también Alejandro Etxeberria, Jordi Badia, Xavier Sala i Martín, Samuel Eto’o o incluso Alfons Godall, su amigo del alma de la infancia y que llegó a ser el candidato continuista durante unos días hasta que tuvo la brillante idea de proponerle a Laporta un pacto con la gente de Soriano.

Caído uno a uno sus posibles sucesores, no le quedó más opción que recurrir a Jaume Ferrer como su delfín. Dejando de lado su más bien nula carisma personal –que no significa que no pudiera ser un buen presidente-, el principal problema de Ferrer es que no es laportista. Es más, tuvo que escuchar todos los adjetivos menos guapo cuando le comunicó a Laporta que tenía intención de presentar su propia candidatura cuando el Presidentísimo todavía apoyaba a Godall. Posiblemente su intención al aceptar el papel de sucesor era arrastrar el voto laportista, que ha resultado ser mucho menor de lo que se pensaba, pero la sombra de su avalador ha acabado por agarrotarle, no ha sido él mismo y le ha impedido situarse cómodamente en los debates, donde se ha hundido. El propio Ferrer mismo ha reconocido que no ha sido un buen candidato y que han hecho casi todo mal.

En estos momentos el laportismo es un cadáver, un cadáver caliente pero cadáver al fin y al cabo. Pero puede ser uno de esos cadáveres de las películas que, cuando el héroe se aleja convencido de la victoria, abren el ojo de golpe o cierran el puño con una música estridente de fondo. Porque no hay que olvidar que los estatutos permiten a Joan Laporta presentarse en las próximas elecciones y si hay una persona lo suficientemente inconsciente como para volver a presentarse ese es, precisamente, Joan Laporta, siempre que no esté demasiado ocupado liberando Cataluña de la opresión castellana. Y tampoco conviene olvidar que el nuevo rey proviene de la misma semilla que el antiguo, que fue el primer ángel caído de aquella candidatura de 2003 que acabó con las divisones clásicas del barcelonismo para crear otras nuevas.

viernes, 30 de abril de 2010

Vergüenza por aspersión

Para el barcelonismo, lo más triste del partido frente al Inter no fue caer eliminado. Llegar a una semifinal de la Champions ya es difícil y caer con las botas puestas ante el campeón italiano no es un fracaso. Lo más triste del partido frente al Inter no es la sensación de impotencia que dio en algunos momentos el equipo, faltaba un jugador vital como Iniesta y varias piezas fundamentales no están en su mejor momento de forma después de 20 meses a un nivel estratosférico. Lo más triste del partido no es ver cómo Busquets se tiraba al suelo como un actorzuelo de compañía de pueblo para forzar la expulsión de Motta, ellos hubieran hecho lo mismo de haber surgido la ocasión. Tampoco es lo más triste ver como Víctor Valdés se encaraba a Mourinho como un chulo de discoteca, al fin y al cabo en caliente se hacen muchas tonterías y el técnico portugués no estaba precisamente en misión diplomática. Lo realmente triste, lo realmente patético, lo realmente indignante fue el espectáculo de los aspersores.

No es de mal perdedor, es rastrero. Los jugadores del Inter de Milán estaban celebrando el pase a la final de Champions como cualquier otro equipo, igual que el Barça celebró su victoria en Stamford Bridge y en el Santiago Bernabéu. No hubo ningún tipo de desconsideración a una grada que estaba centrada en aplaudir a su equipo (equipo que por cierto se largó a vestuarios sin el gesto de saludar a una afición que se había volcado con ellos desde una semana antes). En ese momento algún descerebrado de tres al cuarto sin el más mínimo sentido de la decencia, del honor o de la educación tuvo la brillante idea de encender los aspersores. La imagen era patética: un equipo festejando su pase a la final de la Champions y los señores del “més que un club” invitándoles a irse a manguerazo limpio. Ayer el culé podía estar orgulloso del equipo que se había dejado la piel con más o menos acierto, pero debía estar muy decepcionado con el club que había dado una imagen muy distinta a la que pregona con el logo de Unicef.

Por si éramos pocos, habló Laporta. A la mañana siguiente, tras haber tenido toda una noche para tranquilizarse, no se le ocurrió decir nada mejor que “después de un partido estás sudado y viene muy bien un poco de agua”. Pido perdón por adelantado por el adjetivo que usaré a continuación: gilipollas. Señor Laporta, usted es gilipollas y de los profundos. Si es inaceptable que alguien encendiera los aspersores, mucho más lo es que el presidente del club disculpe esta actitud con una sandez de estas proporciones, una fabulosa patada en los cojones a la elegancia y el fair play que tanto le gusta pregonar al presidentísimo. Habiendo dejado ya de manera irreparable una imagen repugnante, Laporta debería morderse la lengua –arrancársela mejor- y emitir un comunicado oficial del club pidiendo disculpas al Inter, a la UEFA y a todos los socios azulgranas que se vieron avergonzados por la ocurrencia de un idiota que, fuera quien fuera, debería ser despedido de manera fulminante.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Eto’o-Ibra, Laporta-Valdano... y Pardeza

Aunque las casas de apuestas dan las mismas posibilidades de marcar a Eto’o y a Ibrahimovic, da la sensación que el camerunés tiene bastantes más números de hacerlo. Sólo hay que recordar su salida del Real Madrid y las ganas que tenía cada vez que jugaba contra el conjunto blanco, que volvieron loco al bueno de Casillas y sus gestos a Florentino Pérez quedan para la posteridad. Esta noche Samu tendrá entre ceja y ceja demostrarle a Guardiola que el ‘feeling’ no siempre es el mejor consejero. A su favor están los enormes espacios que deja la defensa culé a sus espaldas, unos espacios en los que él se mueve como ningún otro jugador gracias a su tremenda explosividad. Ibra, al contrario que el africano, no es un delantero que se motive especialmente al jugar contra sus ex-equipos, y no lo tendrá fácil para moverse de espaldas a la portería como él sabe con un central tipo tanque como es Walter Samuel, al que no hay que valorar por su lamentable etapa en el Madrid. Sin embargo, el sueco tiene una ocasión inmejorable para callar a todos aquellos que le acusan de realizar grandes partidos contra equipos pequeños para luego desaparecer en las grandes citas. Sólo espero dos cosas: la primera es que si Eto’o marca , que marcará, no haga ninguna tontería tipo ir a celebrarlo delante de Guardiola. Creo que el ambiente que se ha generado es inmejorable para que el camerunés sea ovacionado como merece cuando salte al césped del Camp Nou, pero si hay un jugador capaz de dinamitar cualquier buen ambiente, ese es Eto’o. La segunda es que en caso de que Eto’o marque y Zlatan no lo haga, no se creen en el Entorno Culé (sí, con mayúsculas) esas comparaciones tan culés que ni ayudan ni vienen a cuento y que se resumen en la esa frase tan típica de la grada del Camp Nou ‘aquest tiu es una tolla’.

Por otro lado, el campeonato de mear fuera de tiesto entre Laporta y Valdano está empezando a cobrar dimensiones ridículas. Que Laporta saque a pasear su boca-chancla es algo ya tristemente habitual y no sorprende demasiado. Suponemos que, si acaba siendo verdad los rumores que apuntan a que cuando abandone la presidencia se unirá a las filas de Reagrupament, alguien le enseñará a controlar la diarrea verbal que le entra cada vez que ve un micrófono. Sí que sorprende que el compañero de juerga sea Valdano, un tipo que siempre se ha caracterizado por unas opiniones mesuradas. Es posible que estar tan cerca de Monseñor Florentino le haya afectado demasiado. Ya declaró hace un par de meses que las enormes inversiones de Kaka y Cristiano Ronaldo se recuperarían en apenas un año, una justificación impensable viniendo de un hombre de fútbol como él. Ahora también se dedica a mezclar política y deporte sin venir a cuento y, para quedarse más descansao, mezclando el tocino con la velocidad. Lo más patético de todo es que muchos de los que critican a Laporta cuando habla de política, argumentando con razón que no es bueno mezclarla con el deporte, han aplaudido con las orejas las palabras de Valdano. El último y más esperpéntico episodio del culebrón viene protagonizado por... Pardeza... un director técnico de funciones indefinidas más allá de servir de escudo humano a Monseñor Florentino en caso de que la galaxia no acabe de funcionar como es debido (por 25 pesetas, un sólo fichaje o venta del Real Madrid que no haya salido del lóbulo frontal del monseñor-presidente). El amigo Miguel ha tenido la feliz idea de, en vez de dejar que esta estúpida polémica se olvide, entrar al trapo. Será que no tiene otra cosa que hacer. Ojalá algún día se legalice grapar la boca de ciertas personas.